México: el gigante exportador que puede detonar una nueva era de crecimiento

En 2025, México alcanzó un récord de exportaciones totales por 664,837 millones de dólares, un incremento del 7.6% con respecto a 2024, acompañado de un superávit

En un mundo marcado por tensiones geopolíticas, reconfiguración de cadenas productivas y una economía global que avanza con cautela, México no sólo resiste: avanza. Nuestro país se ha consolidado como una potencia exportadora de primer orden. Hoy somos la 13ª economía del mundo por PIB nominal, el principal socio comercial de Estados Unidos y el mayor destino de sus exportaciones.

En 2025, México alcanzó un récord de exportaciones totales por 664,837 millones de dólares, un incremento del 7.6% con respecto a 2024, acompañado de un superávit en la balanza comercial de 770 millones de dólares, condición que no ocurría desde 2020. A ello se suma un récord histórico de Inversión Extranjera Directa (IED), con 40,906 millones de dólares en los primeros nueve meses del año, superando lo registrado en todo 2024. Estas cifras reflejan décadas de apertura, pero también el trabajo permanente de articulación internacional que realiza el COMCE entre empresas mexicanas y mercados globales.

Sin embargo, este éxito convive con una paradoja: el crecimiento económico de 2025 se estimó en apenas 0.39%, de acuerdo con información reciente del Banco de México. ¿Cómo puede un país que exporta más que nunca crecer tan poco? La respuesta no está en el comercio exterior, que es una fortaleza, sino en cómo lo estamos aprovechando. Exportamos mucho, pero aún generamos poco valor dentro del país.

Hoy, las manufacturas representan más del 90% de nuestras exportaciones y el comercio exterior equivale ya al 75% del PIB. Pero en sectores estratégicos como el automotriz y la electrónica, una proporción relevante de los insumos sigue siendo importada. Esto eleva el intercambio, pero limita su impacto en el empleo, el ingreso y el crecimiento nacional. El reto es claro: integrar más proveeduría nacional y subir en la cadena de valor. Para ello, necesitamos, entre otras cosas, fortalecer la importación de bienes de capital, que en 2025 únicamente representó el 8.4% del total de lo que importamos, con una reducción del 8.7% en relación a 2024.

El momento no podría ser más favorable. El nearshoring ha colocado a México en una posición estratégica inmejorable, convirtiéndolo en el quinto mayor receptor de IED del mundo en el primer semestre de 2025. La cercanía con Estados Unidos, el T-MEC y costos competitivos son ventajas decisivas. A ello se suma un activo clave: México forma cerca de 400,000 técnicos al año, ubicándose entre los diez principales productores de talento STEM del mundo.

Desde el COMCE lo constatamos a diario: empresas de todo el mundo buscan instalarse en México para exportar desde aquí hacia América del Norte. Pero para transformar esta oportunidad en crecimiento sostenido se requiere infraestructura, certidumbre en cuestiones arancelarias y planeación estratégica. Persisten retos en energía, agua, logística, puertos y carreteras, que de no atenderse pueden convertirse en cuellos de botella para la nueva ola de inversión.

También debemos enfocar la estrategia en sectores con mayor valor agregado. México tiene oportunidades claras en la industria aeroespacial, que en 2024 registró exportaciones por más de 707 mil millones de dólares y posicionó al país como el exportador número 23 del mundo; en dispositivos médicos y farmacéuticos, impulsados por la demanda global; en electrónica avanzada y semiconductores, vinculados al llamado nearshoring 2.0; y en maquinaria especializada, donde las pymes pueden integrarse a cadenas globales de valor.

El caso de Querétaro demuestra que este modelo sí funciona. Con más de 80 empresas líderes como Safran, Bombardier, GE Aerospace y Airbus, el estado ha construido un clúster aeroespacial que abarca ingeniería, diseño, manufactura, mantenimiento y reparación. La presencia de la Universidad Nacional Aeronáutica y parques industriales de alta ocupación han permitido generar empleos de calidad y exportaciones de alto valor. Es un ejemplo de coordinación entre gobierno, empresas y academia que puede replicarse en otras regiones.

La revisión del T-MEC este año coloca a México ante una oportunidad histórica. El país puede seguir siendo un gran ensamblador o dar el salto hacia un modelo basado en innovación, proveeduría nacional y valor agregado. Desde el COMCE impulsamos esta transición, convencidos de que un comercio exterior más profundo e integrado es la vía más rápida para elevar la competitividad y el bienestar.

México ya es un gigante exportador. Ahora el reto es convertir esa fuerza en un motor sostenido de crecimiento, inversión y prosperidad compartida. Con visión, coordinación público-privada y una estrategia clara, el comercio exterior puede ser el pilar de la siguiente gran etapa de desarrollo del país.

POR SERGIO E. CONTRERAS

PRESIDENTE EJECUTIVO DEL COMCE

Publicado en El Heraldo de México