T-MEC 2026: estabilidad comercial y señales económicas de una región que no se detiene
Al iniciar 2026, la economía de Norteamérica mantiene una integración comercial sólida que continúa impulsando el desempeño de las tres naciones del Acuerdo entre Estados Unidos, México y Canadá (T-MEC). De acuerdo con Kenneth Smith, presidente del Comité Bilateral México-Estados Unidos del Consejo Mexicano de Comercio Exterior (COMCE), los indicadores económicos y la estructura productiva regional muestran que el acuerdo no enfrenta riesgos de colapso ni escenarios de retiro por parte de Estados Unidos durante el proceso de revisión previsto para este año.
La evidencia económica acumulada en 2024 y 2025 respalda esta perspectiva. México y Canadá se mantuvieron como los principales destinos de exportación para Estados Unidos, absorbiendo una proporción creciente del comercio exterior estadounidense y consolidando su peso en sectores de alto valor agregado. Esta concentración comercial confirma que la economía de Estados Unidos opera sobre cadenas de suministro que dependen directamente de la continuidad del T-MEC, más ahora que México se convirtió en 2025 en el principal importador de bienes de Estados Unidos, superando a Canadá.
Smith ha enfatizado que desmontar el acuerdo implicaría costos inmediatos para los tres países, especialmente en industrias que requieren coordinación binacional y trinacional: automotriz, electromovilidad, acero, agroindustria, semiconductores y manufactura avanzada. La expansión de inversiones asociadas al nearshoring, aunada a la relocalización de proveedores hacia México y Canadá, generó una red productiva que no puede revertirse sin impactos económicos profundos.
Continuidad de la integración regional en el T-MEC
La revisión de 2026, señala Smith, se perfila como un proceso técnico más que como una amenaza comercial. Se espera que los diálogos se concentren en ajustes a reglas de origen, mecanismos de solución de controversias y disciplinas vinculadas a comercio digital y energía. Desde el punto de vista económico, estos cambios responden a la necesidad de actualizar el acuerdo frente a la dinámica industrial actual, no a un cuestionamiento de su continuidad.
Estados Unidos enfrenta presiones estructurales —inflación persistente, costos laborales crecientes y demanda de insumos críticos— que hacen que la integración con México y Canadá funcione como un estabilizador económico. La región opera como un ecosistema manufacturero interdependiente, con inversiones y cadenas de valor que continúan ampliándose al inicio de 2026.
Revisión del T-MEC 2026 y señales económicas
En este contexto, los incentivos para mantener el T-MEC son superiores a cualquier posible beneficio político de tensionarlo. Como ha expresado Kenneth Smith, la estructura económica de Norteamérica está diseñada para cooperar, no para fragmentarse. La revisión de este año será, en consecuencia, un proceso de ajuste, no de ruptura.