Mujeres exportadoras, mujeres que cruzan fronteras
Cuando una mujer logra exportar, no solo está llevando un producto o un servicio a otro país. También está rompiendo techos de cristal
Cuando inicié en el ámbito de los negocios internacionales, las imágenes relacionadas con el comercio exterior eran puertos, contenedores y tráileres cruzando fronteras. Era un tema que parecía lejano, técnico y casi abstracto. Pero el comercio internacional tiene historias humanas. Y cada vez más, esas historias están protagonizadas por mujeres.
En los últimos treinta años, la integración del comercio global ha abierto oportunidades importantes para millones de mujeres en el mundo. Los datos ayudan a dimensionar este cambio. En las empresas que participan en cadenas globales de valor, la presencia de mujeres representa el 33%, mientras que en las empresas que no están vinculadas a la cadena de suministro internacional es del 24%.[1]
En la región de APEC, de la cual México es parte, por ejemplo, las mujeres son propietarias de aproximadamente un tercio de las pequeñas y medianas empresas. Aun así, solo el 22% de las empresas lideradas por mujeres exporta; es decir, 1 de cada 5, mientras que en el caso de las dirigidas por hombres la cifra es del 31%. Incluso cuando exportan, las empresas lideradas por mujeres suelen destinar una proporción menor de sus ventas al comercio internacional.[2]
Cruzar fronteras todavía tiene obstáculos para las mujeres. Las razones son diversas: muchas empresarias enfrentan mayores dificultades para acceder a financiamiento. El Banco Mundial estima que las empresas formales lideradas por mujeres tienen una brecha de crédito cercana a los 300 mil millones de dólares. A esto se suman redes comerciales históricamente dominadas por hombres, menor acceso a información sobre mercados internacionales y, en algunos casos, entornos regulatorios o culturales que siguen siendo poco favorables.
Aun así, cuando las mujeres logramos abrirnos camino hacia los mercados internacionales, los resultados suelen ser muy positivos. Las empresas exportadoras lideradas por mujeres generan, en promedio, 2.8 veces más ingresos que aquellas que operan únicamente en el mercado doméstico. Y cuando utilizan herramientas digitales para comerciar más allá de sus fronteras, sus ingresos pueden incluso triplicarse.
Los beneficios pueden resultar abstractos en papel, pero en realidad representan una diferencia importante a nivel social. Los empleos vinculados a la exportación suelen ser mejor remunerados y ofrecen mayor estabilidad. También permiten acceder a beneficios como seguridad social o pensiones. Y cuando una mujer mejora sus ingresos, el impacto rara vez se queda en lo individual: se refleja en la educación de sus familias, en la estabilidad y en el bienestar de su comunidad.
El comercio exterior, visto así, no es solo una estrategia económica. También puede ser un mecanismo de movilidad social.
México tiene aquí una oportunidad importante. En nuestro país, el 47% de las personas propietarias de micro, pequeñas y medianas empresas son mujeres. En una de cada cinco mipymes, las mujeres ocupamos más de la mitad de los puestos directivos. El talento empresarial de las mujeres existe y en muchos casos ya está generando empleo, innovación y crecimiento. Pero todavía falta fortalecer los puentes hacia los mercados internacionales.
El reto también se refleja en los espacios de toma de decisiones. De acuerdo con la OCDE, México tiene la menor participación de mujeres en consejos de administración dentro de América Latina. Mientras que a nivel global la presencia de mujeres en estos órganos aumentó del 21% al 32.5% entre 2016 y 2024, en nuestro país el avance ha sido más incipiente.
Según estimaciones del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO), las mujeres en México ocupamos únicamente el 14% de los asientos en los consejos de administración y al ritmo actual la paridad se alcanzaría hasta 2043. Además, solo el 3% de las direcciones generales están ocupadas por mujeres, mientras el 19% de los consejos siguen integrados exclusivamente por hombres.[3]
No se trata únicamente de una discusión sobre equidad. La diversidad en los espacios de liderazgo también fortalece la toma de decisiones, amplía la perspectiva estratégica y permite comprender mejor mercados cada vez más complejos, como los que se encuentran más allá de las fronteras.
Si queremos que más mujeres participen en el comercio internacional, necesitamos construir un entorno que lo facilite: mayor acceso a financiamiento, programas de capacitación para exportar, acompañamiento institucional para navegar regulaciones internacionales y redes empresariales más abiertas e incluyentes.
En el Consejo Empresarial Mexicano de Comercio Exterior, Inversión y Tecnología tenemos un papel importante en este esfuerzo. Sabemos que identificar empresas lideradas por mujeres, acercarlas a nuevas oportunidades de negocio en el exterior y generar espacios de colaboración con otras latitudes puede marcar una diferencia real.
Con esta convicción en mente, el 28 de mayo de este año llevaremos a cabo el primer Foro Mujeres Exportadoras, espacio que reunirá a empresarias, directivas y especialistas para dialogar sobre el papel de las mujeres en el comercio exterior, compartir experiencias, impulsar negocios y fortalecer redes de colaboración.
Cuando una mujer logra exportar, no solo está llevando un producto o un servicio a otro país. También está rompiendo techos de cristal. El comercio exterior suele derribar barreras y construir puentes. Aprovechemos esta vocación para demostrar que las oportunidades y las exportaciones no tienen género… ni fronteras.
[1] https://reports.weforum.org/docs/WEF_GGGR_2025.pdf
[2] https://reports.weforum.org/docs/WEF_GGGR_2025.pdf
[3] https://imco.org.mx/mujeres-en-las-empresas-2025/
Por Susana Duque Roquero
Directora General del Consejo Empresarial Mexicano de Comercio Exterior, Inversión y Tecnología (COMCE)


