COMCE: 75 años de historia, un futuro por construir
Esta historia tiene sus raíces en una controversia arancelaria. En 1949, una diferencia comercial entre sectores privados de México y Estados Unidos
Hay aniversarios que invitan a mirar lo construido y otros que nos obligan a preguntarnos qué debemos hacer con ese legado. Los 75 años de historia del Consejo Empresarial Mexicano de Comercio Exterior, Inversión y Tecnología, COMCE, nos convocan a ambas cosas: reconocer una trayectoria que ha acompañado momentos decisivos de la apertura internacional de México y asumir la responsabilidad de preparar al país para una economía mundial cada vez más compleja y competitiva.
Esta historia tiene sus raíces en una controversia arancelaria. En 1949, una diferencia comercial entre sectores privados de México y Estados Unidos puso de manifiesto la necesidad de contar con canales institucionales de comunicación directa. Dos años después, bajo el liderazgo de Juan Sánchez-Navarro, se formalizó el Comité México-Norteamericano de Hombres de Negocios. Aquella experiencia dejó una enseñanza que conserva toda su vigencia: el comercio exterior requiere interlocución, conocimiento técnico y capacidad para construir acuerdos, incluso en momentos de tensión.
Con el tiempo, esa vocación se amplió. En 1968, el Comité se transformó en el Consejo Empresarial Mexicano para Asuntos Internacionales (CEMAI), con una red de comités bilaterales y una visión que trascendía una sola relación comercial. De manera paralela, en Monterrey surgió en 1962 la Asociación para el Fomento de las Exportaciones de Monterrey (AFEM), que en 1979 se transformó en el Consejo Nacional de Comercio Exterior (CONACEX). Una vertiente aportó experiencia en la interlocución empresarial internacional; la otra, capacidad técnica y presencia regional. Ambas contribuyeron a formar la identidad de la institución que hoy conocemos.
La apertura comercial añadió una nueva dimensión a esta trayectoria. El ingreso de México al GATT en 1986 y, más adelante, la participación empresarial en las negociaciones del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, a través de la COECE y del llamado “cuarto de junto”, demostraron que nuestro país necesitaba instituciones capaces de representar al sector productivo, aportar conocimiento y construir posiciones con visión de largo plazo. En 1999, la convergencia de aquellas trayectorias dio origen al COMCE en su configuración actual.
A lo largo de estos 75 años, el organismo ha evolucionado junto con México. He tenido el privilegio de participar directamente en esa evolución y de encabezar al COMCE durante una etapa relevante de su historia. En ese tiempo hemos trabajado para fortalecer su presencia nacional e internacional, ampliar sus vínculos empresariales y consolidar su papel como interlocutor del sector privado en materia de comercio exterior, inversión y relaciones económicas internacionales. Es una labor colectiva, construida con la participación de empresarios, dirigentes, consejeros y equipos de trabajo que han compartido una misma convicción: México tiene mucho que aportar al mundo y debe contar con las instituciones necesarias para hacerlo.
Hoy, el COMCE articula una estructura nacional, regional y estatal, así como una red de comités empresariales bilaterales. A través de ella impulsamos misiones comerciales, alianzas productivas, promoción de inversiones, encadenamientos globales de valor y oportunidades de internacionalización para las empresas mexicanas. Norteamérica constituye una plataforma esencial para nuestro país y la revisión del T-MEC es un momento estratégico. Sin embargo, nuestra vocación es global: debemos profundizar nuestras relaciones con Europa, Asia, América Latina y otros mercados que ofrecen oportunidades para comerciar, invertir, innovar y crecer.
Ese enfoque cobra especial relevancia en 2026. Las tensiones arancelarias, la reconfiguración de las cadenas de suministro y la transformación tecnológica nos obligan a diversificar mercados y fortalecer las capacidades que distinguen a México. Por ello, el 32º Congreso de Comercio Exterior Mexicano, que se celebrará en Monterrey bajo el lema “Hecho en México: calidad y visión global”, representa una oportunidad para reflexionar sobre el siguiente paso de nuestra estrategia internacional.
México no debe competir únicamente por su ubicación geográfica o sus costos de producción, sino por la calidad de sus productos, la confiabilidad de sus empresas, el talento de su gente, su capacidad de innovación y el cumplimiento de los estándares más exigentes. “Hecho en México” debe significar valor, confianza y capacidad para conquistar nuevos mercados.
La visión global implica conseguir que más empresas mexicanas exporten, se integren a las cadenas internacionales de valor, atraigan inversión y construyan alianzas que eleven su competitividad. En esa lógica, la participación de Italia como país invitado al Congreso resulta especialmente valiosa. Su experiencia en pequeñas y medianas empresas, clústeres especializados, innovación y vocación exportadora ofrece referentes útiles para fortalecer nuestra presencia internacional.
Que el Congreso se realice en Monterrey tiene también un profundo significado. Allí se desarrolló una parte esencial de nuestra historia institucional y allí volvemos para hablar no solo de lo que México ha construido, sino de las oportunidades que todavía tiene por delante.
Setenta y cinco años nos permiten mirar con orgullo lo realizado, pero también reconocer que ninguna institución puede vivir únicamente de su historia. El mejor homenaje a quienes construyeron el COMCE, dirigentes, empresarios, gobiernos y el personal que está y ha pasado por el Consejo, es mantener viva su capacidad de convocar, representar y abrir caminos para las empresas mexicanas.
El reto hacia adelante es claro: más empresas internacionalizadas, más inversión que genere valor, mayor diversificación de mercados, más innovación y una presencia de México cada vez más sólida en la economía global. Ése es el compromiso que nos corresponde asumir y la mejor manera de honrar el legado de quienes nos precedieron.
Porque la historia del COMCE no termina al cumplir 75 años. Continúa cada vez que una empresa mexicana se abre camino en el mundo y contribuye, con su trabajo, a construir el futuro de nuestro país.
POR VALENTÍN DIEZ MORODO
Presidente Honorario del COMCE
Publicada en el Heraldo



