Del bicentenario al TLCUEM: México y Francia hacia una nueva etapa de integración económica
En un momento en el que el comercio internacional exige visión estratégica y mayor diversificación, la relación entre México y Francia adquiere un valor especial. No solo por la solidez de sus cifras o la profundidad de sus vínculos empresariales, sino porque coincide con dos momentos decisivos: el bicentenario de nuestras relaciones bilaterales en 2026 y la próxima modernización del Tratado de Libre Comercio entre México y la Unión Europea (TLCUEM).
Ambos hitos invitan a mirar esta relación con una perspectiva renovada. Durante años, el intercambio económico de México se ha concentrado, con razón, en Norteamérica. Nuestra integración en la región es un activo irrenunciable. Pero una política comercial madura no se limita a administrar bien una gran relación: también construye alternativas, amplía márgenes de maniobra y fortalece puentes con socios que aportan inversión, tecnología, innovación y acceso a nuevos mercados. Francia representa justamente eso.
En 2025, nuestro país se posicionó como el principal socio comercial de Francia en América Latina, situación sin precedentes desde 2021. El comercio bilateral alcanzó los 6,690 millones de dólares. México exportó principalmente instrumentos médicos, productos aeronáuticos, máquinas y unidades de procesamiento de datos, así como autopartes. Por su parte, Francia exportó productos farmacéuticos, vehículos, perfume y maquillaje, así como productos aeronáuticos.
Estas cifras reflejan algo más que un intercambio creciente. Muestran una complementariedad productiva que conviene leer con visión de largo plazo. México aporta manufactura avanzada, integración industrial y acceso preferencial a Norteamérica. Francia aporta capacidades tecnológicas, inversión de alto valor y presencia en sectores estratégicos para la nueva economía. Cuando esos atributos convergen, el resultado no es solo más comercio: es una plataforma sofisticada de cooperación económica.
La inversión confirma esta tendencia. En 2025, la inversión extranjera directa francesa en México alcanzó los 1,223 millones de dólares, un récord histórico. Con ello, Francia se ubicó como el cuarto inversor europeo en nuestro país; el 61% de esa inversión se dirigió al sector manufacturero, seguido por la construcción con el 25%. A ello se suma un dato que con frecuencia se pasa por alto: nuestro país es el principal inversionista latinoamericano en Francia, con un stock de 2,800 millones de euros en inversión extranjera directa. Es decir, no estamos ante una relación unidireccional, sino ante una asociación económica efectiva.
Esa reciprocidad también se aprecia en la presencia empresarial. En México operan más de 700 compañías francesas, que generan alrededor de 180 mil empleos directos y más de 700 mil indirectos. Detrás de esos números hay cadenas de suministro, transferencia de conocimiento, formación de talento y una presencia productiva que ha echado raíces. Son empresas que no llegaron solo a vender; llegaron a formar parte del desarrollo industrial del país.
Por eso, la próxima modernización del TLCUEM no debe verse como un trámite técnico, sino como una oportunidad estratégica. En un entorno global marcado por tensiones geoeconómicas, reconfiguración de cadenas de valor y búsqueda de mayor resiliencia, México necesita consolidar su relación con Europa sin debilitar su posición regional. La visita del presidente Emmanuel Macron a México en noviembre del año pasado confirmó que existe la voluntad política necesaria para dar un nuevo impulso a la agenda conjunta. El potencial de ambas economías puede hacer crecer más las relaciones comerciales y de inversión entre México y Francia.
A 200 años del inicio de nuestras relaciones diplomáticas, México y Francia tienen la oportunidad de demostrar que nuestros lazos no se miden solo por su historia, sino por su capacidad para responder al nuevo orden económico internacional. Desde el COMCE, y particularmente desde el Comité Empresarial Bilateral México-Francia que presido, entendemos que fortalecer este vínculo significa avanzar hacia una diversificación inteligente del comercio exterior: una que no sustituye nuestras alianzas principales, sino que las complementa, las equilibra y las vuelve más fuertes.
* Por: Manuel Escobedo
Presidente del Comité Empresarial Bilateral México-Francia del COMCE.

